Ante la situación actual de total desbordamiento de los Juzgados y Tribunales, por los asuntos pendientes, empiezan a levantarse voces a favor de la mediación, como procedimiento eficaz en la resolución de conflictos. Lo aconsejan, no sólo razones de economÃa y rapidez, sino de paliación de los efectos negativos derivados de las situaciones de crisis.
La mediación carece de apoyo social en la actualidad. La vieja idea de la oposición frontal al otro, para conseguir nuestros objetivos, sigue vigente. La cultura del “todo o nadaâ€, de los “ganadores y perdedoresâ€, que recuerda demasiado a los “vencedores y vencidos†de triste recuerdo en nuestro paÃs, siguen manteniendo su hegemonÃa en las costumbres sociales.En medio de esta violenta lucha de poderes, las personas que creemos en los principios de equidad, neutralidad y solidaridad, tenemos que trabajar duro, si queremos dar una vuelta de tuerca a la tradicional “listis†judicial.Es necesario demostrarle a la sociedad, que es posible conseguir acuerdos que beneficien razonablemente a todas las partes. El equilibrio que proporciona el consenso, garantiza el cumplimiento y perdurabilidad de lo pactado.
Como profesional de Derecho, es mi obligación utilizar las normas para la pacificación de los conflictos. Esta paz, en mi opinión, no es posible, sin tomar en consideración los intereses de todas las personas implicadas. Es necesario un gran esfuerzo para conciliar los intereses de todos, de forma que el beneficio de uno, no conlleve el sacrificio del otro. Los acuerdos estables, pueden cimentar la pacificación de las relaciones personales de todo tipo. Proporcionan la seguridad necesaria en el camino hacia el progreso social.